En la oscuridad, una colilla casi desecha, ya guardada en el cenicero esperando consumirse, consumiéndose en la espera mientras dibuja remolinos de ceniza y humo amarillento sobre sombras fantasmales y rostros algo mas palpables y efímeros.
Sonando un locutor de noches tristes y madrugadas vacías, uno de esos tipos que de vez en cuando se frotan con fuerza las arterias para que sus ojos sangren lagrimas, las necesarias para calentar su helada coraza-blindada y hacer que, aún por momentos, descargue un par de voltios en su interior.
Aprendió a llorarle a la luna y a vaciarse frente al silencio, a guardar sus penas bajo el micrófono...
Él duele muy adentro: como un estilete arañando el miocardio (que dulce… )
- Hoy ocurrió algo muy curioso… Me miré en el espejo empañado de la casa de “ella”, me miré y joder... me asustó de tal modo lo que vi, que me fui por la ventana en calzoncillos y corbata.
Dicen que cuando sufres tanto, en ese momento en que dejas de pensar que te cortaras las venas con un cutter de plastilina, llega un punto en que tu cuerpo se autolesiona con un poco de special k o similar, se autocompadece de su propio dolor... y deja de sentir
Quizás sea eso… quizás por eso dejé de sentirme… (¿tantas veces me rompí los ojos con escarcha?) Escuchando: Death Cab For Cutie. Transatlanticism


