sábado, junio 30, 2007
La inocencia desvirgada
La mirada que le devolvió el espejo no era la suya sino la de una anciana con arrugas en la retina y mentiras mas atrás escondidas. Seguramente debido al corazón que había adquirido en las rebajas la tarde anterior, podrido de inocencia y sin faldas de tablas, pero apropiado (o no) para el uso que ella le daría. Sin embargo, desde ese día las noches se volverían más tristes y solitarias, pero eso ahora no importa.
Ahora solo nos atañe el momento, el ahora, ese ahora de ella, que se quita la blusa y la dobla para luego tirarla lejos (muy lejos), sin mirar hacia donde cayó o si salió volando.

Y se queda desnuda
y se mira.
Se observa quieta.
Se analiza sintacticamente. Una oración compuesta, compleja como ella sola y como todas.
Se re mira, se voltea con los ojos que la siguen curiosos, dejando caer los parpados lentos, como si a cada vistazo el cuerpo desnudo le diera de beber la cicuta (como a aquel ruiseñor tierno)

Y en la noche se abandona en la tibieza de las sombras, sin un cuello al que aferrarse, abandonados los dedos a su suerte, que no es otra que la de caer en la nostalgia (del rostro de vos o de cualquier otro).
La nostalgia…
esa puta esquinera que llena sus noches, se mete en el güisqui y lo hace amargo. Vuelve la belleza arruga y la arruga muere, y con ella cualquier resquicio de inocencia que hubiera quedado pegado a la lengua.
 
Hubo algo a las 1:09 a. m. | Permalink | 23 Alfileres links to this post
lunes, junio 18, 2007
Amor de bolsillo (sacrilège! sacrilège!)
La habitación del deseo es menta o sanguijuela, un nácar celestial salido de no se sabe muy bien donde, algo que no es tocable, pero sin embargo, se huele adentro como el arrullo de los gatos tímidos.
La llaman habitación pero no tiene nada de habitación. Es un mundo aparte (pero sin tener nada de mundo, pues no es ni vulgar ni real, sino algo totalmente indecible).
Para empezar, las farolas no alumbran nunca, pues la Luna se siente celosa de las terrestres y éstas no están dispuestas a tal desencanto. Bajo un pacto secreto al mediodía decidieron dejar la noche para la eterna veladora nocturna, convirtiéndose ellas entonces en perpetuas señales para los extraviados.
Las calles son escenarios andantes, con patitas disimuladas bajo el atrezzo de los payasos, que circulan sin rumbo siguiendo las indicaciones de las farolas (sin saber que éstas confunden el norte con el sur, y el este con el oeste)

Shhh…
Sale al escenario una chica con ojos de aceituna. Sale y esta triste, pero no pasa nada. Y calla frente a la luz crepuscular del foco que la impregna. Saca un paquete de cigarrillos del bolsillo trasero de su vaquero, y comienza a fumar. Fuma tímidamente aunque todos la estén viendo. Ella es Lola…
Mi tierna Lola se despierta cada día encharcada entre ríos de sueños. Sueña hielo cuando está despierta, pero las noches las dedica a provocar pequeños incendios carnales sobre sus sabanas excitadas o entre las aceras de cualquier ciudad encendida

Empieza la obra (Aplausos por favor)

Empieza a caminar con un par de ojos que la siguen. Se detiene y grita Te espero esta noche, jugando al escondite entre mis piernas”, al caballero que la observa a salvo desde su balcón, deleitándose con sus andares pecaminosos y arrojándole las manos para buscar sus pechos (pálidos de leche)

Enmudecida ella, se deja tocar por esas manos difusas, hasta que ofuscada de no encontrar cuello alguno para morder, sube al balcón esperando encontrar algo más tocable.
Llega y encuentra al dueño de las manos. Lo muslos se le empapan. Se sienta sobre él y comienza a cabalgarle, a chuparle la vida por la boca.


Escuchando: La Tragédie d'Oreste et Electre. Cranes
 
Hubo algo a las 8:05 p. m. | Permalink | 20 Alfileres links to this post
sábado, junio 16, 2007
Deshielo de una caricia (Parte IV y Final)
La ciudad ardía bajo nuestros pies, que derretidos por el sol pedían auxilio con sus pequeñas voces, desgañitadas y sangrantes.
Los parpados languidecían pretenciosos y las caderas se nos insinuaban apetitosas y presumidas bajo la tela.
Mientras tanto, los pájaros dulces se quemaban en el cielo y nosotros nos sentíamos cada vez más fantasmas, sin sueños encendidos ni retales sobre amores escondidos
La fuente, ajena a todo esto, chisporroteaba casi silenciosa…

- ¿Cómo se atrevió a llegar usted hasta aquí, señorita a?

- No me atreví, mis pies me secuestraron sin avisarme…- los pies, tranquilos, descansaban sobre la hierba salvaje sin cortar

- Bueno… quizás quieras huir antes de hacer algo de lo que puedas arrepentirte- mentía indiferente,
con su discurso aprendido y mil veces soltado a jovencitas ansiosas de vivir
(avec sa petite bouchez française, como diciendo todo el rato “Oui… mon dieu, oui….”)

- No creo…

Y así trascurrían los segundos, con caricias inexistentes y escasas, apenas un beso en el aparcamiento, como marcando su territorio, haciendo esperar el estruendo del trueno tras el rayo. “Me va a comer viva”, pensaba... y lo peor es que yo dejaría que lo hiciera.
Así es como llegamos a la casa a escondernos de los vecinos entrometidos, las luces se apagaron y los labios se nos escaparon en busca de estamparse en los del otro, ansiosos del roce, de apretar, de morder… de saciarse sin éxito para volver a empezar.

(Lapsus temporal: los besos ya se fueron y el olor a sexo ya esta totalmente impregnado en las paredes. La piel se ha desgastado, al igual que los labios, que ahora lucen encendidos de cereza. Él finge dormir. Yo finjo no mirarle)

Es curioso como entre las sabanas y desnudo parecía tan indefenso. Como uno de esos niños cuando mienten, que se tapan la boca y ahogan la risa contenida, como si el mero hecho de asesinarla justificara la mentira evidente...
Ahí estaba él… el señor misterioso que, aunque dejando ver sus recovecos, seguía guardando todo de sí bajo la dermis


Escuchando: Happy songs for happy people. Mogwai
 
Hubo algo a las 10:32 p. m. | Permalink | 4 Alfileres links to this post
viernes, junio 08, 2007
noche desde un tren

Los raíles suenan descompasados y las luces apenas iluminadas brillan lejos, monótonas por la lejanía con la que se reflejan en el cristal empapado. Afuera las gotas se suicidan contra el cristal, encantado de que algo les roce de manera tan casual y arriesgada, y a la vez, masajeándolas con el viento para aliviar su pena por haber muerto. El cristal es su paraíso, y las gotas-fantasmas vagan en él, distraídas…

Escuchando: Guitar and voice for rainy days. Vol. 4
 
Hubo algo a las 4:25 p. m. | Permalink | 12 Alfileres links to this post
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