sábado, junio 16, 2007
Deshielo de una caricia (Parte IV y Final)
La ciudad ardía bajo nuestros pies, que derretidos por el sol pedían auxilio con sus pequeñas voces, desgañitadas y sangrantes.
Los parpados languidecían pretenciosos y las caderas se nos insinuaban apetitosas y presumidas bajo la tela.
Mientras tanto, los pájaros dulces se quemaban en el cielo y nosotros nos sentíamos cada vez más fantasmas, sin sueños encendidos ni retales sobre amores escondidos
La fuente, ajena a todo esto, chisporroteaba casi silenciosa…

- ¿Cómo se atrevió a llegar usted hasta aquí, señorita a?

- No me atreví, mis pies me secuestraron sin avisarme…- los pies, tranquilos, descansaban sobre la hierba salvaje sin cortar

- Bueno… quizás quieras huir antes de hacer algo de lo que puedas arrepentirte- mentía indiferente,
con su discurso aprendido y mil veces soltado a jovencitas ansiosas de vivir
(avec sa petite bouchez française, como diciendo todo el rato “Oui… mon dieu, oui….”)

- No creo…

Y así trascurrían los segundos, con caricias inexistentes y escasas, apenas un beso en el aparcamiento, como marcando su territorio, haciendo esperar el estruendo del trueno tras el rayo. “Me va a comer viva”, pensaba... y lo peor es que yo dejaría que lo hiciera.
Así es como llegamos a la casa a escondernos de los vecinos entrometidos, las luces se apagaron y los labios se nos escaparon en busca de estamparse en los del otro, ansiosos del roce, de apretar, de morder… de saciarse sin éxito para volver a empezar.

(Lapsus temporal: los besos ya se fueron y el olor a sexo ya esta totalmente impregnado en las paredes. La piel se ha desgastado, al igual que los labios, que ahora lucen encendidos de cereza. Él finge dormir. Yo finjo no mirarle)

Es curioso como entre las sabanas y desnudo parecía tan indefenso. Como uno de esos niños cuando mienten, que se tapan la boca y ahogan la risa contenida, como si el mero hecho de asesinarla justificara la mentira evidente...
Ahí estaba él… el señor misterioso que, aunque dejando ver sus recovecos, seguía guardando todo de sí bajo la dermis


Escuchando: Happy songs for happy people. Mogwai
 
Hubo algo a las 10:32 p. m. | Permalink |


4 Alfileres:


  • At 3:06 a. m., Anonymous j

    Lo malo del sexo es que de tanto apretarlo contra las sábanas se queda ahí pegad, con el recuerdo del beso en el ascensor, de la caricia durante la cena, de la mirada en la calle cuando se produce el encuentro.
    Y luego no hay quien lo quite por mucho que raspe, aunque fuese un sueño, aunque fuese un castigo.
    Allá se queda hasta la siguiente pelea y hasta el siguiente olor.

    ¿Estas satisfecha con el tuyo?

     
  • At 3:20 a. m., Anonymous Belsan Empress

    Sexo y besos que desaparecen, y niños mentirosos que duermen mientras pierden la erección, pareciendo inocentes. Vaya. Me suena mucho la historia.

     
  • At 5:27 p. m., Anonymous dani

    curioso fondo para un texto tan sexy...
    y ambos me encantan...
    vi a mogwai el primavera sound del 06 y es de lo mejor que he visto nunca edn directo...
    esos crescendos, como borbotones de sangre coagulando, que brotan de una herida abierta recientemente...
    como lobos con piel de cordero...
    como "uno de esos niños cuando mienten, que se tapan la boca y ahogan la risa contenida, como si el mero hecho de asesinarla justificara la mentira evidente..."

    un beso my cherry voodoo child, te dejé una respuesta en casa, ero no es definitiva...

     
  • At 1:20 p. m., Blogger Lau

    jeje, me gusta mucho este texto, señorita a, me gusta mucho

     

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