domingo, agosto 26, 2007
mares hambrientos y pequeños engaños en sangre ntados
El hombre de negro huía través del desierto y los cuervos hambrientos le perseguían en busca de su sangre caliente y espesa. Las dunas serpenteaban con el viento, el cual se había convertido en una melodía que les hacia bailar y mover sus caderas enfermas de sed
- Dénos una gota de su sudor, sea piadoso, señor- gritan los cantos diminutos desgañitando tanto sus pequeñas gargantas secas que casi se puede intuir como crujen y se agrietan
- Perdónenme ustedes, señores cantos roídos, pero hace mucho que tengo el corazón deshidratado. Además, hay unos señores cuervos que me vienen pisando los talones. A no ser que ustedes quieran hidratarse con mi sangre derramada, háganme el camino más fácil
Los guijarros, fascinados ante tan gran descubrimiento, abrieron bien los ojos y el hombre de negro pudo sentir sus pequeñas boquitas mordiéndole en los tobillos
- Hey!, ¿pero qué hacen ustedes? Que duele…- exclama el hombre de negro dolorido pero sin dejar de lado la caballerosidad
- Solo quisimos probar su jugosa sangre enamorada, lo sentimos hondamente…- dicen ruborizados los cantos apartando sus boquitas del señor- Sin embargo, debemos decirle que sabe usted muy bien. Le proponemos un trato, si nos deja beber de usted le ayudaremos a escapar de los horribles cuervos
El hombre de negro, se subió los pantalones dejando una porción de su tobillo al descubierto, consintiendo, y pudo notar el punzante dolor de las boquitas sorbiéndole algo más que la sangre (improvisadas sanguijuelas en su piel). A ratos dolía, a ratos le hacia cosquillas. Después de un rato, el hombre de negro se sintió desfallecer, los graznidos de los cuervos se oían lejanos
- Señores cantos roídos, me temo que me estoy quedando sin sangre y sin fuerzas. ¿Podrían ustedes llevarme hasta el final de este ardoroso desierto?
Los labios hinchados se despegaron de su piel apergaminada, colmados de humedad. Obedecieron al hombre de negro sin rechistar, y a través de las dunas en movimiento lo llevaron a tierra firme, un pequeño rincón a las orillas de un río
El hombre de negro bebió entonces hasta saciarse. Con los labios mojados, preguntó a los guijarros porqué no bebían de aquel agua tan fresca
- Es un suicidio, señor, porque al entrar en el agua y llenarnos bien el estómago, no podemos salir a flote por el peso y nos ahogamos
El hombre de negro de despidió poco después de los guijarros, que empachados y drogados como estaban poco podían hablar sin vomitar insensateces de verano y otras rarezas incompresibles. El señor siguió así la estela de río, que crecía o menguaba a ratos. El resto del tiempo permanecía impasible, fluyendo las aguas sobre sí mismas y escurriéndose entre las rocas como huyendo de las gotitas que vienen detrás. Pero la carrera está amañada, las que van las primeras serán las que antes rocen sus labios con la calida mar, que las espera y acoge en su inmensidad.
 
Hubo algo a las 11:27 p. m. | Permalink |


12 Alfileres:


  • At 10:03 a. m., Anonymous j

    De todas las veces que te he dicho o he dejado intuir que eras buena escritora es, quizás, esta vez cuando no te esté mintiendo.

     
  • At 3:45 p. m., Blogger dani

    quiero cantitos de esos que me alejen los cuervos que me orbitan... préstamelos, niña, por favor; llévame al desierto, a ese calor dónde los brillos se confunden con cuchillos y la realidad se trasfigura en espejismos.

     
  • At 6:33 p. m., Blogger Asiria

    Si el ser humano se detuviera tan solo un momento junto al camino y contemplara por un instante lo que le rodea, pero no el mar, nono, ni las estrellas, tan lejanas, ni tan siquiera la luna o el sol; sino ese arbusto, o guijarro, o la tierra que contiene el polvo, y entendería que forma parte de un todo, que el todo no es el.
    Describes con una genial maestría que hasta la piedrina mas simple está viva.
    La sangre no siempre es roja ni todo es como aparenta.
    Genial. Un abrazo!

     
  • At 10:06 p. m., Blogger ___________________

    Un cuento muy bien narrado, sin saber lo que hubo antes ni lo que vendrá pero con une stilo realmente precioso. Lo cierto es que escribes frases realmente preciosas : "poco podían hablar sin vomitar insensateces de verano"

    Un saludo,

    Pedro.

     
  • At 10:19 a. m., Anonymous Scry

    Pues seré yo la única mala que te lo diga pero... te has comido media frase. O quizá lo sepas y lo has hecho adrede, no sé, yo te lo digo y así me quedo tranquila. La frase de Aaron es: el hombre de negro huía a través del desierto y el pistolero iba en pos de él.
    Tú sólo has puesto la primera parte.
    Por el lado de la historia me ha gustado pero me esperaba algo más... un final de venganza o algo así como un to be continued... pero está bien.
    ¡un besote de chocolate!

     
  • At 1:54 p. m., Blogger Jota

    Me gustó mucho este cuento. Tendré cuidado de los cuervos y de los guijarros de ahora en adelante

     
  • At 6:22 p. m., Blogger Lau

    Me gustas, querida, escribes maravillosamente.Un cuento bien contado, original y ágil. Muy bien.

     
  • At 6:44 p. m., Anonymous Ricardo

    Niña: Hay algo en tu estilo que no termino de definir. Es siempre sugerente, gracil.
    Leerte, se me asemeja como ver pinceladas sobre un cuadro.

    Un beso desde el sur.

     
  • At 10:06 a. m., Anonymous niobiña

    Pues yo a lo mejor soy muy burra, pero no he entendido bien del todo el cuento... Me he perdido... snif, snif...

    Pero ha estado muy curioso, eso si...

    Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

     
  • At 3:04 a. m., Blogger dani

    terminaste con el extranjero... brutal, eh?

     
  • At 2:54 a. m., Blogger Aarón

    Niña! con la pena que me dió no poder darte dos besos en Barcelona, y ahora me dejas este precioso relato...sabes lo que pasa con tus escritos? que son tan buenos, están tan bien escritos y llenos de frases increibles que a veces da igual que la historia acabe o empiece o lo que le de la gana. Es que me da igual que falte media frase, que parezca un final demasiado abierto, me da igual todo eso. Es sencillamente impresionante, sigues regalando belleza en cada metáfora...

    un besazo!

     
  • At 6:05 p. m., Anonymous Ron Stard

    Sensacional.

    No sé por qué, pero la ensoñación irrealista de ésta historia me recuerda a aquel libro para niños adultos, El Principito. Posee la misma ternura melancólica -quizás también el mismo desierto pálido-, pero sin saber muy bien por qué resulta precisamente melancólica, y sin importar demasiado si lo es o no y por qué.

    (Ouch. Ojalá tuviera tiempo suficiente para pasarme por aquí más a menudo...)

     

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