domingo, septiembre 23, 2007
El erotismo de Dita

La piel tan blanca. Los pechos tiernos como los de una colegiala, pálidos de leche. Y los labios rojos.
Los zapatos que se amontonan en el suelo…
Míralas como juegan, como se enrollan como pequeñas y negras gatitas en celo. Con los pies que se convierten en manos y las piernas que se remueven nerviosas.
 
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lunes, septiembre 10, 2007
el anhelo

de rizos de arena y ojos de botellita de cielo


“Se mordió los labios hasta que le sangraron los silencios, y salieron uno tras otro en fila india, y hablaron así, mudos.”
L me quita el pucho y fuma. Siempre me dice lo asqueroso que es fumar, pero siempre fuma, le dedica unos minutos a deleitarse con el podrido sabor a alquitrán, quitándole la vida a la ceniza encendida como si fuera una mantis en celo y el cigarro el amante presa de sus mordiscos, le desmiembra sin piedad, una muerte dulce hasta que ya no se es consciente de si queda vida o no, de si latimos o soñamos que latimos o de si ya ni siquiera soñamos
Hoy la noche nos duele, nos picotea con sus avispones negros bien certeros. Hoy la noche es tan cruda y tan negra, que las nostalgias han venido a velarnos bajo la cama, con sus ojos pequeños y sus bocas grandes, con los brazos cortos que abrazan pero no llegan
Algún día de estos tenemos que enseñarte a abrazar, nostalgia. No, espera, quizás te duela porque tus brazos son demasiado cortos (o tu corazón demasiado pequeño). No importa, nos acurrucaremos sobre ti para parecer una frágil y precaria parte de ti misma.
No importa, las tiernas niñas sobreviven cada día sin esos brazos que las rodeen y las estrujen como pequeñas bolitas de plastilina verde. Sobreviven indemnes con los corazones arrugados pero sin marcas en las muñecas ni en los labios. No importa… El anhelo es algo fácil, casi dulce al tacto, más o menos como lo seria un algodón de azúcar aplastado en el asfalto.
Hoy la noche nos obliga a llorar, a llorar como niñas desconsoladas, a llorar como si ya no quedaran esperanzas roídas en las que sostenerse. Y es que ya casi no quedan, se las han llevado las hormigas cojas que habitan los árboles olvidados por el tiempo y las personas (hojas caducas y lágrimas de cordero).
L me cuenta que la luz de su baño parpadea, también debe de estar triste.
- Anoche, cuando llegué a casa después del medio litro de ron, se me apagó la luz y me duche a oscuras. Está bien que las cosas tristes parpadeen, pero ya podrían hacerlo por la mañana…- dice, mientras pequeño quijote me chupa el pie. A veces la tiraría por la ventana, otras le lamería las lagrimas (con cariño de ternero) una a una, hasta que ya no quedaran partículas salinas en sus mejillas
Mientras tanto las nubes se han comido al cielo para cenar, son migajas de pan repartidas sobre el inmenso infinito. Son manchas grises en un fondo de quimera.
 
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