“Como todo lo importante, ocurriste de repente. Apareciste y te alojaste en el rincón mas inoportuno de mi cuarto, me velaste de noche y me observaste en sueños de día, y te acurrucaste en el insomnio lleno de sombras.”
Me pasaba las noches pensándole, una enfermedad supongo, algo que no debería pero si. Me aterraba la idea de pensar que solo pensaba en él, que no podía remediar que él me ardiera dentro y fuera, mis dedos le buscaban y mis labios también.
Por aquel entonces, yo aún no era pájaro, mis alas asomaban pero apenadas no se atrevían a atreverse a volar. Soñaba, eso si, pero soñar es solo la tarea de los pobres locos y vagabundos que no tienen tiempo de vivir, algo miserable y delicioso al mismo tiempo.
Él apareció un día sin más, sin buscarlo ni preverlo: tan solo allí se había plantado, imprudente y rebuscado, dejando caer las hojas de Octubre o esperando el autobús de las 3 y media.
Recuerdo que nada mas verle lo imaginé como uno de esos gatos callejeros, cojos y tristes (lo triste siempre es lo mas besable, ya sea hombre, mujer o teja rota)
Más tarde conocí parte de su historia. Originariamente él había sido Azul (pariente lejano de nuestra querida Letra). Era triste y melancólico en esos tiempos, cuando todavía le quedaban poemas en los bolsillos para regalar. Pero sin duda, al igual que Letra, sucumbió a los horrores de algo que en poesía llaman Amor, pero que en realidad sería más conveniente definir como “el cosquilleo incontrolable de las hormigas que se revuelven como moscas en el vientre, la mentira deliciosa y cruel, pero deliciosa hasta el delirio de los hombres no cuerdos”.
Por supuesto, nada de esto me lo contó él. Él se resguardaba mucho de que cualquier mujer con labios se le acercará (muy lógico), aunque de vez en cuando, cuentan las macetas de su calle, que de su casa mora en las afueras de la cuidad que vio nacer un imperio sobre sus cuestas, salían ninfas tan bellas que harían enloquecer a esos mismos hombres no cuerdos.
Escuchando: Ínsula Poética. Joan Valent, Ara Malikian, Suso Saiz , Marc Blaens



